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¿QUE ARQUITECTO QUIERO SER? EL PROYECTO DECISIVO DE JUAN HERREROS

¿QUE ARQUITECTO QUIERO SER? EL PROYECTO DECISIVO DE JUAN HERREROS

Marcelo Faiden - , 2008

Notará el lector de esta edición de Summa+ la ligera sensación de extrañeza que se percibe al estudiar los proyectos que aquí se publican. Como si a mayor esfuerzo de focalización, mayor pérdida de nitidez se experimentase.

Lejos de tratarse de un error de imprenta, podríamos pensar que en realidad estamos frente a un efecto cuidadosamente estudiado por Juan Herreros. Un efecto que, como todos, tiene un método asociado en el cual convendría detenernos. Podemos intuir que la producción que tenemos frente a nuestros ojos solo es posible si existe otro tipo de construcción paralela, un proyecto simultáneo capaz de dialogar fluidamente con el resto de los proyectos. Como si se tratase de una construcción inmaterial que nutre las construcciones materiales y viceversa. Una amalgama informal plagada de deseos, imágenes, técnicas, fantasías y conversaciones capaz de dar sentido a los proyectos que al mismo tiempo la comprimen o dilatan, siempre de manera diferente.

 

Sería posible afirmar que aquella sensación de extrañeza a la que intentábamos referirnos se debe entonces a la imposibilidad de aislar cualquiera de los proyectos que aquí se presentan. Cada vez que el lector fije su mirada sobre un proyecto en particular, un segundo proyecto, no explícito, aparecerá superpuesto. El objetivo de este texto no será otro que el de intentar desvelar las claves de este método. La mecánica consistirá en utilizar las construcciones materiales como punto de referencia desde el cual iniciar un viaje inverso hacia aquel proyecto tácito que sobrevuela esta publicación. El proyecto decisivo de juan Herreros: la redescripción y puesta a punto de lo que hoy entendemos por arquitecto.

 

FACILIDAD Y SISTEMA

 

La fundación Ibarrola se construirá en Ávila sobre un terreno abierto plagado de inmensas rocas graníticas. Aunará programas expositivos y pedagógicos y contará con una residencia para artistas.

El proyecto prevé fragmentar el programa en cuatro pabellones, permitiendo de esta forma su incorporación a la topografía como si se tratase de un Castro Celta. Aunque cada pabellón cuenta con funciones exclusivas asociadas a dimensiones específicas: podemos pensar que en realidad todos son un único pabellón. Al observar la planta deja fundación Ibarrola se evidencia un claro desplazamiento respecto a los criterios de organización heredados. Aquí quedan a un lado las simetrías académicas o las equivalencias modernas al momento de ordenar los programas. Las funciones no tienen peso ni jerarquías. Tampoco se utiliza la estructura como elemento regulador; de hecho, no resulta fácil detectarla en los dibujos. Solo al aguzar la mirada se descubre que la estructura no es más que una carpintería un poco más grande de lo común que intenta diluirse en el cerramiento. No hay fachadas buenas ni malas, ni abiertas ni protegidas, sino un cerramiento que en su capacidad de adaptación logra trascender los programas que encierra. No hay gestos ni sellos de autor. Los tópicos con los cuales se suele abordar la práctica del proyecto se abandonan en pos de hallar una facilidad que trasciende el proceso proyectual hasta alcanzar la puesta en obra.

 

Estos pabellones pueden entenderse como un conjunto de soluciones integrales que tienen como objetivo la puesta a punto de un sistema. Frente al constructor tradicional aparece aquí el creador de sistemas: conjuntos de elementos capaces de crear un orden lógico en sus relaciones internas, pero también de mantenerlo ligeramente abierto como para permitir la inclusión de aquello que hasta el momento desconocemos. Aproximarnos al proyecto de la fundación Ibarrola se asemeja a descubrir las reglas de un juego en el cual, al igual que en los sistemas, resulta imprescindible hablar de economía, apertura e indeterminación.

 

CONTINGENCIA Y OPORTUNIDAD

 

La sala VIP de ARCO 2008 forma parte de una intervención mayor destinada a reorganizar el centro de exposiciones IFEMA, localizado en Madrid, con motivo del festejo anual de una feria de arte contemporáneo de gran trascendencia internacional. Este programa de carácter efímero se localiza en la intersección de dos pabellones, un sector estratégico dentro de la intervención general pero al mismo tiempo cargado de episodios constructivos.

En lugar de añorar la “limpieza” que supone un espacio completamente vacío, forzando una tabula rasa que proporcione las condiciones “óptimas” para desplegar el proyecto, la sala VIP de ARCO 2008 se instala dentro de este contexto heterogéneo con una gran dosis de optimismo y sentido de la oportunidad. Todo lo que podría ser interpretado como un accidente engorroso se transforma aquí en material creativo. Columnas, tabiques, vigas y puntos de acceso heredados informan la organización de la sala del mismo modo que lo hacen los recintos y el mobiliario del nuevo programa. Todo queda a un lado u otro de un trazado en planta que se asemeja a la excavación de una caverna de aire, donde un filtro opaco y oscuro pero extremadamente ligero decide lo que es deseado y lo que no durante un lapso de tiempo tan efímero como la duración de la feria.

 

TIEMPO Y TÉCNICA
 

El complejo multiuso de Amberes reutiliza un conjunto de naves industriales como contenedor para ferias, exposiciones y programas deportivos. La calidad espacial de estas estructuras y la cantidad de aire que encierran parece encajar sin grandes inconvenientes en los requerimientos funcionales. Asumida la sintonía entre programa y contenedor, el proyecto se limita a organizar las circulaciones, los aseos, las taquillas, los descansos y el resto de los programas comunes a cualquier centro de eventos. Con el objetivo de mantener casi intactas las naves existentes, estas funciones se agrupan en torno a una única pieza que se eleva del suelo y se extiende linealmente por el perímetro del edificio.

Una mirada poco cuidadosa podría entender que esta pieza intenta presentarse como un elemento intruso que busca irrumpir en una atmósfera industrial proponiendo una noción de organicidad completamente ajena, nueva, como si frente a la facilidad que presentan estas naves se opusiera una fascinación unidireccional hacia lo sofisticado. Pero si atendemos cuidadosamente ciertos aspectos de esta intervención, descubriremos que en realidad se desarrolla una conversación menos evidente y mucho más sutil con lo existente. En primer lugar, al estudiar los detalles constructivos se descubre que, además de estar fabricada con los mismos materiales, esta pieza presenta cierta robustez que la aproxima notablemente al sistema estructural de las naves. Por otra parte, todos los ensanchamientos, protuberancias y accidentes que sufre para acoger programas y adaptar su geometría al entorno son finalmente simplificados en diez elementos que, al ordenarse intencionadamente, evitan poner de manifiesto el sistema que conforman. Como si se tratase de un banco Xurret habitable, la intervención de Amberes es tan simple y tan abierta como cualquier sistema convencional de plomería. Esto, que en primera instancia puede parecer despectivo, finalmente no hace más que amplificar la conciencia histórica del proyecto introduciendo temporalidades superpuestas y contrapuestas. Esta nueva pieza nos demuestra que a la técnica no puede corresponderle un único vector, tal como la pensaron los modernos positivistas, sino que pensar la técnica hoy puede parecerse más a un proceso de licuado del tiempo y revisión de la experiencia. Solo así vuelve a resultar atractivo y oportuno volver sobre ella.

 

DENSIDAD Y SOSTENIBILIDAD

 

El edificio de usos mixtos para RATP nace de una encrucijada propia de la evolución de las metrópolis contemporáneas. RATP es la empresa de autobuses públicos de París. Uno de sus garajes se encuentra en el centro de la ciudad, en un terreno rodeado de viviendas y sometido a fuertes presiones inmobiliarias. La empresa podría optar por vender el inmueble y trasladar las cocheras a la periferia. Esta decisión le significaría un excelente negocio pero una importante merma en la operatividad de sus autobuses. Finalmente RATP decide no renunciar a ninguna de las posibilidades y apuesta por añadir al estacionamiento de autobuses oficinas de explotación propia, I una guardería infantil, viviendas y cocheras para los nuevos residentes.

El proyecto se presenta como un mecanismo capaz de dar sentido a estas nuevas condiciones que, debido al aumento de densidad que proponen, fuerzan la segregación de los programas en corte. A tales efectos se genera un nuevo plano semipúblico en forma de jardín suspendido, ubicado por sobre las cocheras, desde el cual se accede peatonalmente a las siete torres de vivienda. Estas torres se resuelven en dos hileras desplazadas de cuatro edificios a la calle y tres en la parte posterior. Todas ellas miden 18 m x 13 m en planta, procurando entrar en sintonía con las luces estructurales necesarias para los programas ubicados por debajo de ellas. La construcción es simple y repetitiva. Unos pocos materiales y principios constructivos resuelven las fachadas y las subdivisiones interiores. El nuevo edificio RATP busca diluir la complejidad funcional, estructural y constructiva evitando casos particulares y alardes innecesarios, confiando que en la tridimensionalización y compactación existe un futuro sostenible para las ciudades y una noción de belleza que hoy puede resultarnos cercana y oportuna.

 

NATURALEZA Y PROYECTO

 

El Centro de Investigación Atómica ITER ubicado en Cadarache, Francia, se inserta en un bosque de gran riqueza y actividad biológica próximo a un reactor atómico. El proyecto evita simultáneamente arrasar con el bosque y competir con la escala infraestructura! del reactor. Para ello, el programa se atomiza en cinco edificios lineales de anchura óptima y constante que toman la altura de los árboles. De esta manera se elimina la mínima cantidad de ejemplares al mismo tiempo que los restantes permanecen próximos a las fachadas de las nuevas construcciones.

Este proyecto podría ser interpretado como una actuación respetuosa hacia la naturaleza o como un acto de (falsa) modestia, siempre tan políticamente correcta, siempre tan moralmente aceptada. Pero nada de esto se aproxima al clima que trasmiten estas imágenes.

La potencia del Centro de Investigación Atómica ITER se multiplica notablemente al observarlo desde otra perspectiva. Aquí la arquitectura parece ser otra especie más del bosque, que comparte derechos y obligaciones con los árboles. El paisaje deja de ser un fondo neutro y pasivo en el que se destacan los objetos arquitectónicos, ahora el entorno pierde su inercia y pasa a ser un elemento más susceptible de ser proyectado. Al igual que en cualquier ecosistema, en este bosque de Marsella la existencia de una especie dependerá y posibilitará la existencia de otra. Tal y como indican los detalles constructivos de este edificio, el cerramiento es el lugar en el que los intercambios promiscuos entre interior y exterior se producen, en donde lo natural y lo artificial se funden. Los árboles existentes se detallan con el mismo rigor con el que se especifican las superficies vidriadas y las celosías que completan este dispositivo. Fondo y figura quedan ahora reemplazados por “fongura y figondo”. La dimensión de los pórticos que construyen los edificios es siempre de io,8 m. Sin elementos estructurales que interfieren, este ancho de planta permite disponer dos despachos con circulación central, una cochera con circulación lateral, salas polivalentes y comedores. Todo el programa de necesidades y todos los programas que en un futuro sean necesarios pueden ser absorbidos con una única decisión que al mismo tiempo facilita la puesta en obra de estos edificios. Es posible imaginar al Centro de Investigación Atómica ITER más próximo a un “organismo” que a una “organización” arquitectónica. Sus leyes de conformación incluyen un protocolo que atiende a la incidencia de agentes externos, anticipando su futura adaptabilidad en el tiempo como garantía de convivencia y supervivencia.

 

HISTORIA Y ESTRATEGIA

 

La casa de campo en Artá, Mallorca, se encuentra dentro de un entorno de alta sensibilidad. Su protección, basada en errores irreversibles en toda la isla, ha devenido un instrumento ciego que hace que resulte casi imposible romper las trabas burocráticas para intervenir de manera contemporánea. Desde un primer momento su factibilidad se basó en la preexistencia de un antiguo refugio de pastores, una pequeña estructura longitudinal construida con muros de piedra y una cubierta inclinada fuertemente acusada en los testeros. El proyecto consiste en replicar simétricamente este volumen, generando mediante una única operación dos espacios longitudinales idénticos, tanto en planta como en corte. Si bien todas las intervenciones sobre estructuras existentes utilizan “el tiempo” como principal material de construcción, la casa en Artá presenta una nueva valoración de la memoria. Por un lado se aleja rotundamente de esa visión estructuralista que a partir de Rossi impone una supuesta permanencia de las formas, y por otro lado evita la pedagogía tan redundante, tan higiénica, de “lo viejo por aquí y lo nuevo por allá”. En este proyecto la historia pasa a ser una herramienta más, una herramienta estratégica, un ámbito más de proyección subjetiva. Cuando la estructura existente se espeja para compartir su forma
con la nueva ampliación, el pasado y el futuro pierden su inercia. Se anulan entre sí abriendo paso al presente, el tiempo de los hechos, de las acciones, de la experiencia. La distribución interna no hace más que insistir sobre estas ideas. No existen aquí jerarquías entre los ambientes que ayuden a predeterminar su función específica. La disposición del mobiliario, otra vez el tiempo presente, determina el uso de cada local. Si hay una cama entonces es un dormitorio, si hay una mesa entonces es un comedor, si hay un sofá entonces es un estar… Si hay gente viviendo entonces es una casa.

El trabajo de Juan Herreros dinamita brutalmente los binomios aquí expuestos. Pero su tarea nunca acaba con la explosión. El momento clave llega cuando, estallados en mil partes, reordena todos los pedazos desgarrados en nuevos Frankenstein que se pasean por el mundo con una libertad y una elegancia hasta el momento insospechadas.

Las ondas expansivas que provocan sus explosiones tienen un alcance extraordinario y afectan a arquitectos de latitudes muy lejanas. Las mutaciones que generan en estos aún no tienen un diagnóstico definido aunque se estiman consecuencias severas. ¡Boom!

 

Marcelo Faiden es titular de Adamo-Faiden Arquitectos, profesor en las universidades de Buenos Aires y Palermo y doctorando de la ETSAB-UPC.